Del 5 al 7 de diciembre, un grupo de cursillistas pudimos disfrutar del Cursillo de Renovación, una herramienta de Poscursillo que en nuestra diócesis no se celebraba desde el año 2005. Fue un gran regalo para todos los que hicimos un nuevo STOP en nuestro cuarto día para revisar, reflexionar, orar y compartir vida, desde el testimonio.
Este encuentro tuvo un significado especial al convocar a todos aquellos cursillistas que, con más de siete años de camino desde su Cursillo de Cristiandad, sintieron la llamada a revitalizar su compromiso. Fue una gracia poder compartir esta experiencia con hermanos que, desde distintas etapas vitales, buscan con autenticidad reavivar el primer amor por Cristo y por su Iglesia.
Este reencuentro tan esperado con la dinámica del Renovación nos permitió redescubrir, con una madurez y una perspectiva nuevas, las verdades esenciales que un día nos conquistaron. En un clima de profunda intimidad y confianza, las charlas y las conversaciones en grupo nos ayudaron a desempolvar compromisos, a sanar cansancios y a avivar esa llama primera que el mundo cotidiano a veces apaga. Fue como volver a beber en la fuente original, pero encontrando el agua más fresca y necesaria que nunca.

Además, vivir esta experiencia de renovación en comunidad ha tejido lazos más fuertes entre nosotros. Compartir las dudas, las esperanzas y la certeza de que Cristo sigue actuando en nuestras vidas nos ha dado una nueva fuerza como grupo. Nos vamos no solo con el corazón personalmente reconfortado, sino con la convicción de ser parte de un cuerpo eclesial vivo, que se sostiene y anima mutuamente para ser fermento en medio del mundo.
Por todo ello, deseando vivir con alegría renovada nuestro ser Iglesia y nuestro ser testigos, retomamos el camino en el que Cristo nos llama de nuevo y nos vuelve a decir, ¡Cuento contigo! Y nosotros respondemos, ¡Y yo con Su gracia!
¡De colores!

