¿Qué podemos esperar en nuestros días?

Domingo I de Adviento

Nos pasamos la mayor parte de nuestra vida esperando.

  • Esperamos el bus que nos acerca al lugar de trabajo.
  • Esperamos a los niños a la salida del colegio.
  • Esperamos el siguiente metro cuando hemos perdido el nuestro por cuestión de segundos.
  • Esperamos a que el semáforo se ponga en verde para continuar el camino.
  • Esperamos que el resultado de los análisis sea mejor que el de la vez anterior.
  • Esperamos con ansia el inicio de las vacaciones programadas con meses de antelación.
  • Esperamos poder llegar a fin de mes sin echar mano a los escasos ahorros del banco.
  • Esperamos que nuestra hija acabe pronto la carrera y apruebe unas oposiciones.
  • Esperamos ganar la próxima Liga.
  • Esperamos…, esperamos.., esperamos…

Y no hablemos de las esperas en cuanto a cuestiones políticas, económicas, sociales, incluso eclesiales.

Por eso, ahora que iniciamos un año más el tiempo de Adviento, yo me pregunto  “¿Qué podemos esperar en nuestros días?”. Si nos pasamos el tiempo, la vida, “esperando”, ¿qué más podemos esperar?

Nuestra época debería ser la de los hombres y mujeres más pacientes del mundo precisamente por esto: porque nos pasamos la mayor parte de nuestra vida “esperando”. En cambio sucede más bien lo contrario: formamos parte de la generación de las prisas, los agobios, el no tener tiempo. ¿No es una contradicción, un sinsentido?

Por eso necesitamos un momento del año en que nos planteemos seriamente “cuáles son nuestras esperas”, para pasar a plantearnos “cuáles son nuestras esperanzas”. Por eso necesitamos el Adviento: para caer en la cuenta de que “tantas esperas” de situaciones, estados, cosas materiales, no llenan por completo el corazón del hombre.

No es lo mismo “ESPERAR A QUE…” que “ESPERAR A QUIEN”. 

Esperar a QUIEN siempre hace referencia a una persona. Y cuando esperamos a alguien, la espera es activa, nunca pasiva. Cuando esperamos a alguien nos movilizamos, tratamos de ponernos en contacto con ese alguien, nos informamos sobre sus horarios de salida y de llegada, preparamos nuestra casa, incluso nos preparamos nosotros mismos.

Ese ALGUIEN a quien los cristianos esperamos es Jesús. Por eso, en este Tiempo de Adviento la Iglesia nos invita a una espera activa, o lo que es lo mismo, a la ESPERANZA.

Decía al principio “¿Qué podemos esperar en nuestros días?”.
Tras esta reflexión me atrevo a reformular la pregunta: “¿A quién podemos esperar en nuestros días?”
Los cristianos lo tenemos muy claro: esperamos a Jesús. Y lo esperamos con las lámparas de nuestro corazón encendidas. ¡Ven, Señor Jesús!

Salvador Valls Botella
Consiliario del MCC - Valencia